martes

El deseo de escribir...

Estás sentado, y sabes que está ahí.
Bajo cielo o bajo techo se encuentra.
Te pones a ver la caja tonta, a montar obras de teatro, a buscar periódicos en línea... y el deseo sigue ahí.
Puedes salir a caminar y ver el atardecer, o mojarte bajo la tormenta...y no se va.
Las abdominales no lo alejan. (La lectura lo alimenta)
Se te clava en el pecho y en la mente como una espinita y te da vueltas como un molesto zancudo que, como las pilas, sigue y sigue y sigue...

(No te pide nada en concreto, sólo está ahí)

...y cuando por fin te sientas ante la libreta abierta, o frente al ordenador... no sabes qué escribir.

Y sin embargo lo haces; sin embargo...
...sabes que está ahí.


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